El reto de no perderse siendo mamá y profesional

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En las sesiones, es común escuchar una pregunta que duele más de lo que parece: “¿Y yo, dónde quedé?”. La pronuncian mujeres fuertes, activas, responsables, que cada día se levantan a cumplir con sus múltiples roles: madre, profesional, pareja, líder, cuidadora, y muchas veces, sostén emocional de otros.

Y no es que se quejen. No. Lo hacen con amor. Pero también con un cansancio profundo, ese que no se quita solo con dormir más. Un cansancio del alma. Porque mientras dan lo mejor de sí a los demás, sienten que se están olvidando de sí mismas. Que se están apagando lentamente en medio de todo lo que gestionan.

He acompañado a mujeres que aman profundamente a sus hijos, que disfrutan su trabajo, pero que confiesan no reconocerse frente al espejo. Ya no tienen pasatiempos, ni espacios propios, ni conversaciones que no giren en torno a las responsabilidades. No porque no quieran, sino porque se han acostumbrado a ponerse siempre al final de la lista.

El problema es que esa desconexión con una misma empieza a pasar factura: irritabilidad, fatiga constante, desmotivación, sensación de vacío… y una pregunta recurrente: ¿qué me pasó?

No se trata de egoísmo, ni de abandonar lo importante. Se trata de recordarte que tú también eres importante. Que mereces tiempo, atención, cuidados. Y que no tienes que esperar a colapsar para darte ese permiso.

Recuperarte no es un proceso mágico ni inmediato, pero puede comenzar con algo muy simple: hacerte preguntas. ¿Qué cosas te gustaban y ya no haces? ¿Qué actividades hacés solo por obligación? ¿Qué partes de tu vida extrañás?

Luego, viene la acción: reconectar con esas pequeñas cosas que te traen de vuelta a ti. Puede ser escribir, caminar sola, tener una conversación sin interrupciones, respirar sin apuro, decir “no” cuando antes decías “sí”, pedir ayuda sin sentir culpa.

También es valioso tener un espacio donde puedas hablar de ti, sin filtros. Donde no tenés que ser mamá, ni líder, ni fuerte. Solo tú. Humana. Real. Con todo lo que eso implica.

Ese espacio puede ser terapéutico, puede ser contigo misma o puede ser un proceso que iniciamos juntas. Pero lo importante es que recuerdes que estás aquí, y que tu bienestar no es negociable.

Si sentís que te estás perdiendo de vista, si llevás días preguntándote dónde quedaste tú en medio de todo… escribime. Estoy para acompañarte.

Licda.  BrendaLiz Valladares

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