Una navidad en Soledad y consigo mismo

La Navidad es una de las fechas más recordadas en cada una de las etapas de nuestra vida. En forma singular representa la esencia de compartir el amor vital que hemos recibido en nuestra historia, en nuestra unicidad lo que nos hace individuales también nos hace parte del grupo, de una familia, identificarnos con las personas, crear lazos de amistad, crear vínculos que alimentan nuestra vida a lo largo de los años. No sólo por su cercanía sino también por la profunda huella que dejan en nuestro ser y que nos permite respirar nuevos aires para continuar el camino que nuestro corazón reconoce que debemos recorrer.

Pero entre las etapas de nuestra vida existe una muy especial y muy temida para varias personas que se llama “soledad”.

La soledad es una etapa necesaria para madurar, para encontrar los hilos más profundos que nuestra alma es capaz de enfrentar y para unirnos más profundamente a la existencia real de Dios y su determinación, sobre la pregunta más esencial que podemos enfrentar “quién soy?”.

Aunque la soledad es temida por muchas personas y es rehuida de diferentes maneras constituye un estado muy profundo que no solo es una lejanía física sino también espiritual con respecto a los demás.  A veces la soledad intenta esconderse tras de diferentes facetas que una persona puede crear y recrear acerca de sí mismo, frente a los grupos y los roles que desempeña. Pero cuando la soledad ha llegado a lo más profundo del pensamiento y los afectos, se puede decir que se vuelve compañera en todo momento. Y una de las facetas más evidentes es que aunque la persona tenga muchas posibilidades de mantener relaciones estables con diferentes roles no crea ya un lazo definitivo sino que necesita permanecer libre en sí mismo de los demás. Las fechas de Navidad y Año Nuevo pueden ser asumidas con la disposición interior a comprender el proceso de la vida desde una visión más humilde y sencilla apreciando con ello los detalles verdaderamente importantes que dan sentido a nuestra convivencia. Los recuerdos son un tesoro mayor, porque además de ser el haber del alma son la conexión de nuestro ser con la eternidad. Cada detalle y rincón tienen una notoriedad nueva y significativa como si se creara un lenguaje interior que prepara a la persona para un Encuentro mayor.

Sin embargo dentro del proceso del crecimiento interior la soledad llega a veces un día a descubrirse de una manera muy cruel. Las personas que han vivido el duelo, el abandono y el desamparo pueden reconocer que han caminado los senderos más difíciles de la sociedad humana, y de la identidad, que muchas veces queda escondida y apagada entre la colectividad, que tiende a ignorar el sufrimiento individual de las personas que quedan sin apoyo familiar.

Ante una situación extrema de abandono, la identidad personal sufre un giro muy grande que afecta, incluso, no solo la confianza en sí mismo sino también la esperanza de crecer como persona y haber dejado una huella esencial de su más profunda existencia.

Tengamos en cuenta que todos vivimos o podríamos vivir en mayor o menor grado la soledad algún día. Estar cerca de alguien que necesita nuestra comprensión y apoyo nos enseña una parte de nuestro futuro. Y pensar qué haremos cuando nos toque enfrentar un estado de soledad, especialmente en Navidad.

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