La Inteligencia Emocional es “la habilidad para percibir, valorar y expresar las emociones con exactitud; para acceder y generar sentimientos que faciliten el pensamiento; para entender la emoción y el conocimiento emocional; y para regular las emociones y promover el crecimiento emocional e intelectual” (Salovey y Mayer, 1997). Las personas con una alta inteligencia emocional tienen mejores relaciones sociales, mayor rendimiento académico y bienestar psicológico.
Las emociones juegan un papel importante en nuestro desarrollo y vida diaria puesto que nos predisponen a la acción. Éstas nos ayudan a dirigir la atención hacia aquello que es importante para nosotros y determinan la manera en la que procesamos la información y la forma de enfrentarnos a los problemas. Además, pueden provocar cambios en las cogniciones que obligan al sistema cognitivo a ver las cosas desde un punto de vista diferente, ya que un pensamiento se puede convertir en positivo cuando una persona está feliz o en negativos si se encuentra triste (Salovey y Birnbaum, 1989).
En 1990, Peter Salovey y John Mayer utilizaron por primera vez el concepto Inteligencia emocional (IE) para referirse a la “habilidad de supervisar y entender las emociones propias y las de los demás, discriminar entre ellas y usar la información afectiva para guiar el pensamiento y las acciones de uno”. Además, destacaron las cualidades emocionales que debe tener una persona para tener ser emocionalmente inteligente: empatía, expresión y comprensión de los sentimientos, control del genio, independencia, capacidad de adaptación, simpatía, capacidad de resolver los problemas, persistencia, cordialidad, amabilidad y respeto (Salovey y Mayer, 1990).
Daniel Goleman promocionó este término en 1995 gracias a su publicación Emotional Intelligence y potenció la creación de perspectivas de la IE basadas en rasgos de personalidad en lugar de en capacidades cognitivas (Goleman, 1995). Es por eso que en 1997, Mayer y Salovey reformularon la definición de IE para prestarle una mayor importancia a los aspectos cognitivos. Esta vez definieron la IE como la “la habilidad para percibir, valorar y expresar las emociones con exactitud; para acceder y generar sentimientos que faciliten el pensamiento; para entender la emoción y el conocimiento emocional; y para regular las emociones y promover el crecimiento emocional e intelectual” (Salovey y Mayer, 1997). Las personas con alta IE es un mejor ajuste personal y social. Éstos poseen una “mayor habilidad para identificar el estado emocional de otras personas y tienen mejores relaciones sociales, mejor consideración hacia sus padres y mayor percepción de sentirse estimado por éstos y, un menor nivel de sentimientos de estrés y tensión en las relaciones sociales” (Salguero et al, 2011).
La literatura de grandes estudiosos de la IE está convencida que regresar a clases presenciales o semi presenciales es volver a revivir la emoción de mi primera vez en el kínder o mi primera experiencia escolar. Si nos fue bien pues nos ayudará, pero si era de los tímidos o de los rechazados o que le costó la adaptación, resurgen en el inconsciente este miedo nuevamente y los jóvenes expresan agresividad, tristeza o rechazo, desgano al regresar a clases para compartir y desarrollar la parte social que implica la vida escolar.
Según los estudios de Acosta y Clavero (2018), “existe una relación estadísticamente significativa y directamente proporcional entre felicidad e inteligencia emocional”; por lo que, si apostamos por una educación emocional en los más pequeños, hasta los universitarios, estaríamos apostando por su felicidad y bienestar psicológico.
Tip que pueden ser útiles para apoyar a la adaptación y aceptación del regreso a clases.
Percepción y expresión de emociones: Se enseñará al joven a identificar y reconocer emociones y sentimientos propios y de los demás compañeros. Para realizarlo, es importante trabajar la atención e interpretación de señales emocionales
exprésate con responsabilidad de que es tu sentimiento y tu percepción No necesariamente sea la misma para otros recordando que nadie te hace sentir ya que nadie esta en ti solo tu decides sentirte bien o mal por la situación siempre es tu elección.
Gestión emocional: Se trabajará con el joven la capacidad para tener en cuenta los sentimientos y emociones, cuando razonamos o solucionamos problemas. Para ello, es importante enseñarles la importancia de entender cómo las emociones afectan a nuestro pensamiento y cómo éste puede influir en nuestro comportamiento. Usar estrategias de respirar y el triangulo de gestión de toda situación, automáticamente vamos a la acción reaccionando, y eso es un error lo indicado es, de cualquier situación, pasar a la gestión luego pensamiento y por último a la acción.
Comprensión emocional: Se orientará sobre la capacidad de diferenciar las señales emocionales, etiquetarlas y reconocer en qué categorías se agrupan. Esta es una tarea complicada ya que diferentes estados emocionales pueden dar lugar a emociones secundarias y crear confusión en el alumnado. También se trabajará la comunicación interpersonal, escucha activa y empatía.
Regulación emocional: Se instruirá al alumnado para que sea capaz de reflexionar sobre emociones y sentimientos y regularlos. Esto implica enseñarles a moderar sus emociones negativas y fomentar las positivas sin alterar la información que desean transmitir. Es la tarea más compleja ya que supone tener un gran conocimiento intrapersonal.
Los padres o tutores maestro o personal adulto deben de fomentar la comunicación asertiva validar las emociones y sentimientos de cada uno y educar dándoles apoyo al aprendizaje fortaleciendo la Inteligencia Emocional.
Abriendo canales de calidez esperanza y fortaleza espiritual para empoderar a los alumnos a seguir formándose y mantener buenas relaciones interpersonales dejando el miedo comodidad y otros hábitos adquiridos en el confinamiento que ahora ya no son útiles.
Seguimos siendo personas eminentemente sociales y necesitamos interactuar entre la comunidad sociedades y demás.

